Vive y Siente Blog
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Inmanuah Mikael
Hace ya varios miles de años de los nuestros, un ser muy especial y maravilloso, decidió ayudarnos con sus enseñanzas inyectando esperanza en esta esfera.

El y su equipo deciden pues descender a este plano y contribuir así a la evolución del planeta. Su nombre es Inmanuah Mikael.

Se ha traducido de muchas formas, pero la original es Inmanuah, pues así es conocido en los universos. El ha permanecido por milenios en este lugar, ha tenido muchas reencarnaciones, efectuado diversas acciones y adoptado diversas personalidades, pero nosotros no le reconocimos.

Una vez, decidió ir a ayudar a la gente de la región de Palestina, por ser ésta una zona de muchas fricciones (conflictos existenciales causados por las creencias transmitidas por Yahvé y la forma como éste hizo que los palestinos entendieran a Dios, pues él mismo se autoproclamó Dios ante ellos). A Israel se le hizo una promesa de alianza, por ser el único pueblo que se sometió a Yahvé y le rindió pleitesía incondicional. El rumor del nacimiento postrero de un maestro de justicia, hizo que los palestino ansiaran la llegada de su Mesías libertador y comenzaron a hablar de la llegada de un salvador, nunca en el sentido de “salvación del alma”, si no de la salvación de la esclavitud a la que habían estado sometidos por siglos. Este rumor se convirtió en una de sus tantas profecías futuristas. Ellos anhelaban la llegada de su libertador y al llegar Jesús (Inmanuah) no lo entendieron, ni lo reconocieron. Por el contrario, lo maltrataron aun siendo justo, pues enseñaba de forma diferente y culminó siendo crucificado.

Sus enseñanzas estaban orientadas a esclarecer a aquellas gentes los misterios de la vida y la muerte. Les enseñó que la vida continuaba aun después de lo que ellos y todos llamaban “muerte”. Que no debían vivir así, sin esperanzas y para demostrarles a ellos esta realidad, el moriría y volvería a aparecérseles, de modo que pudieran entender el futuro evolutivo y espiritual de todo ser humano.

Sus enseñanzas fueron mal entendidas y mal interpretadas y posteriormente, después de su “resurrección”, fue convertido en Dios por decreto del Emperador Constantino, en el Concilio de Nicea (325 años después de su muerte) y objeto de adoración. Con el tiempo la recién estrenada jerarquía religiosa cristiana fue adaptando las escrituras que obraban en su poder a las vicisitudes de la nueva doctrina, recién inventada y que suponía una espléndida fuente de ingresos y acumulación de poder político. Ya sabemos que hoy por hoy se construyen grandes templos en su nombre; se producen millones de libros, videos, literatura, etc., Y en el nombre de Jesús. Se predican por doquier sus pretendidas enseñanzas (unas veces auténticas, pero la mayoría de ellas adaptadas a la conveniencia de la iglesia) como el único medio de llegar a Dios el Padre.

Muchos concilios y grupos religiosos se han hecho millonarios en este empeño; miles se humillan ante el y lo reconocen como Dios y señor del este mundo y nada más lejos de la realidad. ¿Acaso no hicieron lo mismo con los otros maestros que han venido a arrojar luz sobre la vida espiritual? Es el caso de Khrishna, Buda, Mahoma, etc. que fueron convertidos en Dioses por los hombres, cuando ellos nunca dijeron ser Dios, hasta el punto de llegar a cambiar el contenido de algunas escrituras para justificar sus acciones.

El Maestro Inmanuah prometió volver y lo hizo del mismo modo que lo había hecho anteriormente, humildemente, en silencio, sin protagonismo y la gente lo sigue esperando hasta el día hoy, pues según entendieron ellos, él volvería por poder y gloria, ¿pero lo hizo así las otras veces? Ciertamente no.

Los grandes avatares no vienen haciendo alarde de nada, ni aparecen con gran pompa o poder o algo por el estilo, sino que siempre lo hacen en la más absoluta sencillez. Así lo creen muchos al leer la Biblia y por eso enseñan que Jesús vendrá en las nubes con gran poder y gloria, pues esa fue la interpretación que le dieron los antiguos y así se cree hasta el día de hoy.

Ya han pasado más de dos mil años y Jesús parece que no aparece. En realidad, no ha de venir, pues nunca se ha ido; no vendrá con pompa y poder, pues él es un ser muy humilde y sencillo y no le interesa ni el protagonismo ni los espectáculos públicos religiosos. El ha estado aquí por miles de años, ha renacido ya muchas veces, Palestina no ha sido el único lugar en que ha tenido una efusión y sigue aquí, permanece aquí, en silencio, y desde aquí trabaja y ayuda a la evolución de este mundo, creando con sus enseñanzas un mayor nivel de conciencia. El no es el Jesús de las Iglesias, ni el de los católicos, ni el que predican en las calles; ni tampoco el que presentan en libros y películas.

Esos personajes fueron creados para el comercio y la venta y para el enriquecimiento de algunos que buscan provecho en todo y la gente no se da cuenta. Los que poseen dones naturales no lo usan para Dios, si no para el provecho personal. El que canta, compone no para Dios, si no para la venta. Todo lo hacen en nombre de Dios y Jesús. Las iglesias están llenas de mercaderes. Las calles están llenas de puestos de ventas de literaturas, de objetos, de Biblias, etc., y todo en nombre de Jesús, enriqueciéndose a costa de la ceguera de los demás. Todo se vende dentro de un paroxismo supersticioso sin precedentes, pues se adoran, fetiches, imágenes, joyas, piedras y hasta pretendidas reliquias, contraviniendo con ello la prohibición expresa la inscripción segunda que figura en los mandamientos originales que todavía al día de hoy sigue apareciendo en los libro Génesis y Deuteronomio de la Biblia, que lo prohíbe expresamente y, desde luego, nada es hecho por amor.

Jesús mandó a enseñar a los demás para de esa manera propagar su doctrina. El recuerdo de estas enseñanzas se iba propagando de boca en boca, de uno en uno, de uno a varios, etc. y el mandato era simple: “ID y enseñad”, pero jamás sugirió que se comercializase su palabra, así como tampoco dijo que se publicase nada con la interpretación de sus enseñanzas y las divulgasen. Su mandato fue pues tan sencillo, que solo había que tocar los corazones de los demás hablándoles del amor, de la compasión y de la eternidad o inmortalidad de toda la creación.

A los que esperan el retorno del Maestro, que sepan que no puede retornar quién no se ha ido nunca. El lo explicó tan claro que un niño entendido lo comprendería. Cuando en Mateo 24 se le pregunta, que cuales señales habría de su próxima venida y del acontecer de los eventos sobre el templo, Jesús les dijo que esa generación (la de ellos, es decir, Jesús volvió a renacer en un cuerpo en vida de ellos, pocos años después) no terminaría sin que esas cosas sucedieran…. y sucedieron, y no se dieron cuenta. No se dieron cuenta, de por qué en los escritos de Pablo y los demás, no se mencionan el cumplimiento de esas profecías. Veamos: Durante el año 70 el General Tito, hijo del emperador Vespasiano, sitió a Jerusalén y el templo fue destruido en esos años. Durante la década de los 60, las constantes luchas de los judíos por su independencia, terminaron con su destrucción. Repasando bien esos primeros versos de Mateo 24 y la historia del pueblo Judía en el primer siglo (esa generación) y analizando en profundidad, se puede ver cómo se cumplió entonces lo que les comentaba Jesús, lo que no se cumplió fue la forma en que ellos entendieron que volvería a renacer, pues su anhelo de independencia, llevó a los judíos creyentes a ver en Jesús el líder que les libraría de la opresión y el poder de los romanos que los tenía esclavizados.

Según fuentes cercanas que no revelaré aquí ahora, Jesús no murió de manera definitiva en aquella cruz del año 33. Ni tampoco el tenía 33 años, si no 37. Su cuerpo físico maltratado por los golpes y latigazos fue desintegrado por los “miembros de su equipo” , sus compañeros de siempre y “resucitado” en un nuevo cuerpo temporal de carácter semi material, poco perceptible a simple vista y con este nuevo cuerpo temporal, que bien pudiéramos llamar “cuerpo moroncial”, se presentó a sus discípulos, los cuales tuvieron dificultades en reconocerlo al principio, pues aparentaba ser un joven de unos 20 ó 25 años, cuando ellos todavía tenían la imagen de un Jesús más anciano -hay que hacer constar que solo unos pocos lo habían conocido en su juventud y que en aquél momento un hombre de su edad era ya un anciano-. Jesús tuvo entonces allí un reencuentro con sus discípulos y duró un tiempo con ellos, enseñándoles los misterios de la vida y la muerte, pero con el tiempo estas enseñanzas fueron consideradas heréticas y apócrifas, de tal forma que fueron eliminadas de los “libros oficiales” y hoy ya no aparecen en la Biblia, aprobada por la curia romana.

Desde su nacimiento en el año 7, pasando por la resurrección en un cuerpo moroncial y su muerte definitiva, 120 años después, Jesús cumplió lo que decía, según consta en Mateo 24, volvió y renació y ha estado entre nosotros hasta el día de hoy usando el mismo cuerpo con que renació a los 120 años del primer siglo. Inmanuah permanece en el anonimato hasta hoy ocupando diversos puestos, realizando todo tipo de funciones y haciendo diversas labores, siempre camuflado, y no le reconocimos. A el ya no le interesa protagonismo alguno y menos repetir el drama de aquél primer siglo de nuestra -que no la de él- en Palestina. A lo mejor se da a conocer al mundo en algún momento, o el mundo le reconoce a él, tal vez, tras el ascenso del Planeta a la cuarta dimensión después del 2012. ¿Quién sabe?...

Esta pequeña historia aún, es utilizada para entender el significado de "La paz perfecta"
Porque esa calma que ansiamos no significa permanecer en un lugar ajeno a los problemas. Más bien, consiste en encontrar la forma de mantenernos en calma a pesar de las perturbaciones, y de cualquier circunstancia...


“La paz... siempre presente”
Un sabio budista convocó un concurso de pintura al que acudieron muchísimos artistas de todos los reinos. La temática del concurso era “La paz perfecta”.

Los pintores comenzaron a plasmar lo que ellos entendían por paz a través de hermosos paisajes: atardeceres cálidos sobre montañas altísimas, o bien rayos de sol acariciando las más bellas flores.



Sin embargo, uno de los pintores creó un cuadro muy diferente al resto. Su paisaje mostraba un mar enfurecido, nubes amenazantes y un precipicio sobre el que se alzaba un árbol.



El supervisor de las obras pensó que se había equivocado de temática y decidió no presentarlo para su evaluación final. El maestro budista comenzó a mirar los cuadros que se habían presentado al concurso, pero no conseguía encontrar la obra perfecta.



– ¿No se ha presentado nadie más?- preguntó.

– Bueno, solo queda un cuadro, pero no tiene nada que ver con la temática que habíamos pedido… – dijo el supervisor del concurso.

– Sea como sea, si se ha presentado, tiene derecho a que su obra esté entre todas estas. Deja que lo vea…



Entonces, llevaron el cuadro del mar embravecido hasta el maestro y después de observarlo, sonrió:



– Al fin tenemos un ganador.

– Pero… ¿cómo? ¿Es el cuadro que representa la paz perfecta? ¡No puede ser!- exclamó el supervisor.

– Sí, lo es… si te fijas, sobre el árbol que se asoma al precipicio y bajo la tormenta, un pequeño pájaro descansa en su nido ajeno al viento y al oleaje. Este es sin duda el mejor ejemplo de la paz perfecta.


Utiliza este maravilloso relato para reflexionar acerca de:
– El equilibrio de las emociones.
– La calma y serenidad.

Reflexiones
La paz no está a nuestro alrededor, sino dentro de nosotros. Por eso, la paz perfecta es aquella que consigue mantenerse firme a pesar de todo lo que le rodea:

– Mantenerse en calma a pesar de la tempestad: el ejemplo del cuadro que ganó el concurso es una bella metáfora sobre cómo lograr la paz perfecta. No es aquella que intenta evitar los problemas y aislarse de los peligros. Sino la que a pesar de los obstáculos, de las tempestades y de los peligros, se mantiene firme y tranquila. Es aquella que no tiene miedo y cree en sus posibilidades. La que le planta cara a la lluvia y al viento y a pesar de ellos, no se mueve.



– La paz está dentro de nosotros: para conseguir esa paz de la que habla el maestro, debemos aprender a dominar las emociones, a encontrar su equilibrio. A aprender a convivir con el miedo sin que nos bloquee, o a no dejarnos invadir por un exceso de tristeza o de alegría. Debemos aprender a controlar las frustraciones y a valorar las emociones para usarlas a nuestro favor, y no en nuestra contra.


De esta forma, controlando las emociones, lograremos la paz perfecta.

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