LA ESCAPADA

Reflexiones de un Eterno Viajero

En estos tiempos donde el estrés, la preocupación y la ansiedad están a la orden del día, se hace más que necesario escaparse a la naturaleza para poder inspirar aire rejuvenecedor y expirar todo problema que atormente.

Vivir en la ciudad hace que nos carguemos de nitrógenos de bajo octanaje, haciendo que nuestra maquina humana no funcione correctamente, nublando la mente sin poder ver soluciones a problemas que son nimiedades, pero que si se acumulan pueden derivar en depresiones u otras enfermedades graves, incluso muchas de estas nos hemos acostumbrado a llevarlas a cuestas pensando que forman parte de nosotros, pero en realidad no es así cuando aprendemos a soltar cargas innecesarias.

Claro está que si se tiene trabajo, familia, hipoteca, etc., en una ciudad o pueblo grande resulta muy difícil dejarlo todo e irse a vivir los más rodeado posible de naturaleza, pero aun así están lo que llamo escapadas.

Este sistema hace que siempre por una cosa u otra te lleguen problemas, donde hay que saber encontrar la mejor solución lo más rápido posible. Lo mas cómodo pero menos efectivo, o incluso diría que dañino es quedarse encerrado en casa, mirar telebasura, irse a emborrachar al bar o de compras, entiéndase esto como una rutina asidua de fin de semana ya que, “Nada es veneno, todo es veneno: la diferencia está en la dosis...Todas las sustancias son venenos, no existe ninguna que no lo sea. La dosis diferencia un veneno de un remedio.” (Paracelso)

Muchas veces si no me salgo de la rutina veo que me ahogo empezando a salir fácilmente de mi centro de gravedad, poniéndome más nervioso por cualquier tontería, entrando en estúpidas discusiones que no llevan a ningún puerto y que me descargan energéticamente, teniendo menos paciencia y tolerancia, por eso, si actualmente se hace casi “obligatorio” ir a trabajar, también me puse como “obligatorio” tener mi espacio en la naturaleza una o dos veces por semana y preferiblemente solo.

La naturaleza es una fuente de vida, a veces prefiero ver una puesta de sol con un buen vinito, otras perderme en la maleza observando y escuchando todo lo que acontece al exterior, mirando mariposas, caracoles, hormigas, abrazando arboles, observando flores, jugar con el agua que brota de las fuentes naturales, sentir el aire fresco que entra por todo mi cuerpo, hacer fogatas, pero también cuando hago esto observo y escucho los procesos energéticos que ocurren en mi interior, pensamientos, impresiones, ideas, reflexiones que anoto al bloc de notas y que estas derivan en posibles eventos, por eso en la vida, asiduamente hay tomarse un respiro, dejarse fluir para soltar la basura y poder ver todo con más claridad.

Muchos me preguntan, ¿no tienes miedo de ir solo por ahí?, ¿y si te pasa algo? La respuesta que suelo decir es, ¿miedo de que? Aunque vaya solo nunca lo estoy, hay tantas cosas que se nos pasan desapercibidas que aprendí a jugar como un niño descubriendo y asombrándome de las maravillas que hay por todo lugar en la naturaleza, y si tiene que pasarme algo, estaré haciendo lo que decidí hacer, pero nunca dejare de hacer las cosas por miedo.

¿Y tú, cuánto tiempo hace que no te tomas un respiro?


Octavi San

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