2ª PARTE---EL 11-M Y LOS SERVICIOS DE INTELIGENCIA

“El conocimiento es la ignorancia envuelta en risas” Charles H. Fort


En la investigación realizada por Cerdán en el libro antes mencionado, queda patente una cosa: para que el asesinato de Carrero se produjera y quedase sin esclarecer fueron necesarias las colaboraciones de estructuras secretas que actuaban dentro de las Fuerzas y Cuerpos de la Seguridad del propio Estado español, de los servicios de inteligencia estadounidenses, de la ETA y, ¿cómo no?, de los servicios de inteligencia franceses, que dieron cobijo a los ejecutores etarras. Por último, es preciso dejar constancia de que un informe de los servicios secretos españoles asegura que el explosivo usado para matar a Carrero fue C4, “fabricado en Estados Unidos para el uso exclusivo de sus Fuerzas Armadas“. El atentado contra el presidente del Gobierno, almirante Carrero Blanco, pone de relieve  la existencia de una conspiración en la que, por muy torpe que se sea, resulta imposible no encontrar analogías, que ponen los pelos de punta, con el planeamiento, ejecución y ocultación de pruebas que tuvieron lugar con ocasión de la masacre del 11-M de 2004. Dicho queda.           

Estado en que quedó el coche oficial de Carrero Blanco después del atentado

Una suerte similar a la de Carrero le tocó cinco años más tarde a Aldo Moro, Presidente de la Democracia Cristiana italiana. La postura de Moro favorable a la admisión de miembros del PCI en una coalición gubernamental disgustaba profundamente a Estados Unidos, cuya política apostaba por mantener en Italia la consabida estrategia de tensión propia de la "guerra fría". El 16 de marzo de 1978, miembros de las Brigadas Rojas secuestraron a Moro (después de asesinar a sus cinco escoltas) cuando iba de camino a una sesión del Congreso italiano para apoyar el llamado "compromiso histórico" con los eurocomunistas de Enrico Berlinger. La aparición de su cadáver en el maletero de un automóvil abandonado conmovió a los italianos y al mundo entero.

La investigación del secuestro y homicidio se convirtió en una farsa por la postura ocultista del Estado italiano, lo que no fue obstáculo para saber que las Brigadas Rojas estaban profundamente infiltradas por miembros de la inteligencia italiana y de la CIA, así como que el juez Felice Casson manifestara cómo descubrió la existencia de la Operación Gladio leyendo las cartas que Aldo Moro mandó desde su lugar de detención. Pero lo que ahora me importa reseñar es que la viuda de Moro narró posteriormente un encuentro que mantuvo su marido con Henry Kissinger y un oficial de inteligencia norteamericano, quienes les advirtieron con la mayor crudeza que su estrategia de introducir al Partido Comunista en el gabinete podía acarrearle terribles consecuencias: "Debe abandonar su política de colaboración con todas las fuerzas políticas de su país... o lo pagará más caro que el chileno Salvador Allende". Según su esposa, Moro quedó tan conmocionado por la amenaza que llegó a enfermar e incluso pensó en retirarse de la vida política. 

Del examen de estos hechos cabe deducir que Henry Kissinguer poseía el don de la adivinación, aunque quepa recordar que una de las máximas de Kissinger en política exterior sentó escuela: "Es más fácil cambiar de político que cambiar de política".  


Foto de Aldo Moro difundida por las
Bigadas Rojas durante el cautiverio
que precedió a su asesinato

En 1975, después del fallecimiento de Franco, Delle Chiaie comprendió que España había dejado de ser un lugar seguro y se fue a Chile. Allí lo reclutó Pinochet, el dictador chileno aupado por la CIA. En el marco de la famosa Operación Cóndor, Pinochet le ordenó perseguir y matar a los opositores chilenos en todo el continente latinoamericano. Caccola se fue después a Bolivia, donde formó escuadrones de la muerte y desencadenó nuevamente una violencia sin límites. Después de su huida de España no volvió a pisar Europa hasta 1980, cuando la policía italiana sospecha que volvió a su país natal para perpetrar el atentado de la estación de Bolonia. El 27 de marzo de 1987 este intocable mercenario fue finalmente arrestado en Caracas por los servicios secretos venezolanos. En pocas horas, agentes de los servicios secretos italianos y de la CIA llegaron a Caracas. Entonces Caccola señaló en pocas palabras que muchos gobiernos lo habían protegido a cambio de que ejecutara para ellos ciertas misiones: “Hubo atentados. Eso es un hecho. Los servicios secretos enmascararon las pistas. Eso es otro hecho.”


Escudo del CESID

Durante la Transición, el SECED (Servicio Central de Documentación de la Defensa), que era el más conocido de los servicios secretos de España, fue rebautizado como CESID (Centro Superior de Información de la Defensa). Su primer director, el general José María Burgón López-Doriga, se ocupó sin embargo de que el nuevo órgano se conformara esencialmente con ex-agentes del SECED. De esa manera, la guerra secreta desatada con la complicidad de los extremistas italianos podía continuar, como subrayó la prensa en 1990, cuando se descubrió la existencia de los ejércitos secretos vinculados al Gladio. El ya citado Carlo Cicuttini, cercano del Gladio, participó activamente en el atentado de los laboralistas de Atocha, en enero de 1977, acontecimiento que impuso el relevo en la jefatura de lo servicios de inteligencia españoles: en julio de ese año fue nombrado el general Andrés Cassinello Pérez, conocido, entre otras particularidades, por sus estrechas vinculaciones con la CIA.  

Stefano delle Chiaie: "La matanza de la calle de Atocha fue instigada por sectores de la policía":
http://elpais.com/diario/1987/07/05/espana/552434405_850215.html

El guerrero de la sombra Cicuttini había huido a España en un avión militar después del atentado de Peteano, en 1972. Fue años después, precisamente al investigar ese atentado, cuando el juez Felice Casson logró llegar hasta el terrorista de extrema derecha Vincenzo Vinciguerra y al ejército secreto, lo que le condujo al descubrimiento de la red europea Gladio. En España, Cicuttini se había puesto al servicio de la guerra secreta del régimen, que como pago lo protegía de la justicia italiana. En 1987, esta última lo condenó a cadena perpetua por su participación en el atentado de Peteano. Sin embargo, como síntoma de la persistente influencia que su aparato militar seguía ejerciendo subterráneamente, la España ya convertida en democracia negó su entrega a las autoridades italianas alegando que, al haberse casado con la hija de un general español, Cicuttini había adoptado la nacionalidad española. No fue hasta abril de 1998 cuando el terrorista fue finalmente arrestado en Francia y extraditado a Italia.

Como todos los ejércitos secretos de Europa Occidental, la red de inteligencia española se mantenía sistemáticamente en estrecho contacto con la OTAN. En 1990, al estallar el escándalo, el general italiano Gerardo Serravalle, quien dirigió la trama Gladio en su país desde 1971 hasta 1974, publicó un libro sobre la rama italiana del ejército secreto de la OTAN, en donde narró el interés de la CIA por dar entrada a la trama española en el CPC (Clandestine Planing Control), su máximo órgano rector, a lo que Italia se opuso, porque se sabía que, por aquella época, la red española daba protección a varios terroristas italianos: “Nuestras autoridades políticas se hubieran visto en una situación especialmente delicada ante el Parlamento”, reconoció el general en su libro.


General Gerardo Serravalle

España se convirtió oficialmente en miembro de la OTAN en 1982, pero entonces no se supo que, como también reveló el general Serravalle, la rama española ya estaba representada en el CPC por invitación de Estados Unidos. Parece, además, que bajo el nombre codificado de “Red Quantum”, el Gladio español también formaba parte del segundo órgano de mando integrado en el seno de la OTAN, el ACC: “Cuando España se integró a la OTAN en 1982, su estructura secreta cercana al CESID (Centro Superior de Información de la Defensa), sucesora del SECED, se incorporó al ACC”, precisó Pietro Cedoni, autor especializado en Gladio, lo que provocó conflictos en el seno del Comité por parte de los italianos.

Con la llegada al poder de los socialistas en 1982, el protegido de la CIA y de Willy Brandt, su brazo europeo más consistente, Felipe González se vio en la obligación de cumplir la principal condición a la que se había comprometido: forzar la entrada de España en la OTAN, tarea difícil, porque la mayor parte de la opinión pública española y, sobre todo, las bases socialistas, eran contrarias a este proyecto que González solamente compartía con sus más cercanos colaboradores, por lo que los resultados del referéndum convocado para decidir la adhesión eran más que dudosos, lo que provocó hondas preocupaciones por parte de los representantes de Estados Unidos (y de la CIA) en España. Respecto a que Felipe González era el hombre elegido por la CIA, Alfredro Grimaldos se muestra categórico: "En el 74, en Suresnes, el PSOE es refundado con el apoyo de la CIA y del Servicio de Información de Carrero Blanco. Ellos son los que llevan a Felipe González a Suresnes, le escoltan y le dan el pasaporte.” Precisamente este especialísimo "encargo" le fue encomendado a Andrés Casinello Pérez, viejo conocido de quien haya leído todo lo que antecede.  
    
La conexión PSOE-CIA aparece muy bien explicada en el texto que abre el enlace siguiente:
http://www.scribd.com/doc/21982417/CIA-y-PSOE



De entre sus interesantes páginas, he creído oportuno destacar el siguiente testimonio de Pablo Castellano, Secretario General de la poderosa Agrupación Socialista Madrileña y destacado miembro de la Ejecutiva Federal del PSOE, quien en el Congreso de 1974 del PSOE Renovado, celebrado en Suresnes (Francia), fue uno de los más firmes partidarios de que Nicolás Redondo -secretario general de UGT- accediese al puesto de Secretario General del Partido, postura que no prosperó cuando Redondo rehusó la oferta y llegó a un acuerdo con Felipe González, que finalmente sería elegido secretario con la oposición la Agrupación Socialista Madrileña.  

“El referéndum fue un modelo antológico de pucherazo, pero a muy pocos políticos les interesaba cuestionar el resultado, conscientes de que la victoria del "No" habría repercutido no sólo en la adhesión europea, sino hasta en nuestro pro- pio devenir político», escribe Pablo Castellano, veterano militante socialista que hizo campaña contra la OTAN. "González echaba un pulso a la ciudadanía tras haber ganado todos los pulsos a su partido y salía otra vez vencedor y exultante de las urnas. Sin embargo, a partir de ese momento sería rehén de las políticas más derechistas que le exigían los que, ayudándole descaradamente a ganar el referéndum, le permi- tían gobernar en el estricto marco de actuación pactado para la ordenada alternancia de los partidos del sistema, no para abrir la puerta a imprevisibles sorpresas de un auténtico e incondicionado sistema de partidos. El Pentágono tomó nota de quiénes eran de verdad sus amigos. A buenas horas se le iba a escapar a la privilegiada mente conocedora de todos los entresijos del 23-F, del GAL y de Filesa un referéndum así.” 

Pablo Castellano continúa:

“El Estado español, de la mano de un Gobierno socialista, revalidó y reforzó su condición de socio del Imperio. El esfuerzo del PSOE en este terreno ha sido tan valorado que uno de los más destacados paladines en la defensa del "OTAN, de entrada no", Javier Solana, en premio a su ejemplar rectificación, acabó siendo secretario general de la Alianza y, más tarde, encargado de las cuestiones de la defensa europea. Siempre, en todo caso, embajador de los intereses castrenses estadounidenses... Más que caerse del caballo camino de Damasco, se subió tranquilamente al carro de combate o a la superfortaleza volante, medios más seguros y rápidos”.


Pablo Castellanos, líder de la
Agrupación Socialista Madrileña

En las elecciones generales legislativas celebradas el 28 de octubre de 1982, los resultados electorales dieron la mayoría al Partido Socialista, permitiendo que su Secretario General, Felipe González, accediera a la presidencia del Gobierno. Dos días más tarde, el 30 de octubre, apareció publicado en el diario El País un curioso artículo titulado "Felipe y la computadora", escrito por el conocido articulista y escritor Manuel Vincent, que merece la pena recordar, y del que he considerado ilustrativo reproducir una parte, aunque quien quiera leer el texto completo podrá hacerlo a través del siguiente enlace:


    
"Hacía más de un año que en la planta 72 de aquel rascacielos de Nueva York la computadora estaba funcionando, conectada directamente con otro ordenador instalado en un despacho del Pentágono en Washington. Las dos máquinas formaban triángulo con un condensador de órdenes en la cancillería de Bonn y entre ellas se mandaban impulsos electrónicos con un diálogo cifrado que, traducido en plata, venía a decir: -Un joven andaluz, vestido de pana progresista, anda por España vendiendo ética como si fuera jabón fino de tocador.

-¿Qué hacemos con él?

-Parece buen chico, fuma puros y cree en la bondad universal.

-¿Nada más?

-También juega a la petanca los domingos en Miraflores.

-Que siga.

En aquella planta 72 del rascacielos de Nueva York habita un dios rubio que come palomitas de maíz, asomado al ventanal ahumado. Desde allí divisa La Meca rodeada de pollinos cargados con cajas de caca colas, controla la espuela vengativa de Pinochet o Ia gomina del bigote del último general argentino, regula la tripa llena de oscuros humores del judío Ariel Sharon y le cambia los pañales al heredero de un jeque del desierto. Cualquier madre patria nace en este piso 72 del rascacielos de Nueva York, donde ahora mismo está sentado en la poltrona ese dios gordiflón y geopolítico, que picotea palomitas de maíz en un cucurucho mientras acaricia con la diestra, blanda y anillada, un globo terráqueo. La madre patria arranca de su mesa y pasa por las Azores, seguida de cerca por la VI Flota, se adentra en Portugal, cruza la Península Ibérica, se va por Italia hacia Grecia y Turquía con un ramal en dirección a Arabia, atraviesa Pakistán, India, Australia y Japón. Allí le espera la VII Flota, con más acorazados. Y así hasta dar la vuelta al mundo para volver a la planta 72 del rascacielos de Nueva York y caer en el cucurucho de palomitas del regazo de ese señor gordito en forma de dividendos, que son los únicos valores eternos cotizados en la Bolsa de Wall Street. El triángulo de computadoras se envía entre sí latidos de rayos láser con interrogantes herméticos.

-¿Cree usted que ese tal Felipe González lo sabe?

-Con toda seguridad.

-Procure que no se salga de la ética.

-No hay peligro. El chico está bien aleccionado.

-¿Quién se ha encargado de eso?

-Nuestro criado, el señor Willy Brandt.

-Okey.

En cambio, hay todavía muchos patriotas. Son precisamente aquellos que no se han enterado de que la patria sólo es un oleoducto y andan por ahí dando palos de ciego con el bate de béisbol en busca de un salvador de opereta. Pero el Gobierno no es más que una estación de seguimiento, la Moncloa o Robledo de Chavela, gestores del paso de las multinacionales o de una cápsula espacial por un determinado territorio de la geopolítica. Existe un piloto automático. No hay que tocar nada. En cierto modo, gobernar consiste en hacer alguna leve corrección de vuelo y vigilar la posición correcta de las agujas o las señales luminosas del panel.

-Júrame que Felipe González lo sabe.

-Te lo juro. El sólo habla de moral.

-¿Y eso qué es?

-La moral es un aceite refinado que sirve para que funcione bien la máquina del capitalismo.


-Me quitas un peso de encima..."




 
Cuando asumió la Presidencia del Gobierno, Felipe González colocó al frente del Ministerio de Defensa a uno de sus hombres de máxima confianza, Narcís Serra, quien mantuvo en su puesto al director del CESID cuando se destapó el escándalo de las escuchas y se descubrió que entre 1983 y 1991, bajo el Gobierno socialista de Felipe González, el denominado Gabinete de Escuchas del Cesid, que dirigía Emilio Alonso Manglano, había estado grabando ilegalmente conversaciones a empresarios, políticos, periodistas e incluso al mismo Rey Juan Carlos.


Narcís Serra, ministro de Defensa y vicepresidente del Gobierno de Felipe González

Hemeroteca de ABC, 25/07/2007. Las escuchas ilegales y el caso Perote:
http://www.abc.es/hemeroteca/historico-25-07-2007/abc/Nacional/las-escuchas-ilegales-y-el-caso-perote-dos-manchas-para-un-servicio-secreto-con-prestigio_164102439968.html

En 1986, con la aceptación de España en la Unión Europea, muchos esperaban que el antiguo aparato de los servicios secretos sería debidamente cribado y puesto bajo el más estricto control del Gobierno, pero aquella esperanza fue barrida por el descubrimiento de que España había sido una de las principales bases del Gladio, un escándalo que fue alimentado por Amadeo Martínez Inglés, un ex-coronel que había sido expulsado del Ejército, precisamente por la contundencia de muchas de sus declaraciones, quien llegó a afirmar en 1990 que España había sido base de una estructura secreta desde la cual, entre otras operaciones dignas de condena, se realizaron acciones de espionaje contra opositores políticos. La televisión estatal transmitió entonces un reportaje sobre Gladio, que confirmaba que agentes de la red habían venido a España a entrenarse bajo la dictadura de Franco, destacando el testimonio de que soldados de los cuerpos secretos de la OTAN se habían entrenado en España desde 1966 –y quizás antes de ese año– hasta mediados de los años 1970. El ex-agente afirmaba que él mismo se había entrenado, al igual que cincuenta de sus compañeros de armas, en la base militar de Las Palmas de Gran Canaria. Según él, la mayoría de los instructores de Gladio eran estadounidenses.



Como ocurrió poco más tarde con los GAL, en aquella ocasión Felipe González se apresuró a declarar a la prensa que “ni siquiera había pensado” que España pudiese desempeñar algún papel en la Operación Gladio. Como el asunto se le estaba escapando de las manos, Narcís Serra se mostró incómodo y en su primera comparecencia ante los medios de información se apresuró a precisar que “cuando llegamos al poder en 1982 no encontramos nada por el estilo”.

Serra aseguró además que había ordenado la apertura de una investigación en su propio Ministerio para sacar a la luz las posibles conexiones entre España y Gladio, pero fuentes cercanas al propio gobierno revelaron a los periodistas que la investigación interna estaba más destinada a enmascarar los hechos que a revelarlos, ya que el objetivo anunciado era “confirmar que esa organización específica no había operado en España”. Serra, que quería sobre todo enterrar el asunto, había puesto la investigación en manos del CESID, detalle revelador, puesto que el sospechoso investigaba así su propio crimen.




Por todo ello, nadie se sorprendió cuando el 23 de noviembre de 1990, el ministro de Defensa anunció al parlamento español que, según los resultados de la investigación realizada por el CESID, España nunca había formado parte de la red secreta Gladio “ni antes ni después de la llegada de los socialistas al poder”. Prudentemente, el ministro agregó: “Se ha hablado de contactos durante los años 1970, pero resultará muy difícil para los servicios actuales determinar la naturaleza exacta de esos contactos.”

Una figura clave que sirvió de enlace con la etapa socialista fue el ya mencionado general Andrés Cassinello Pérez, quien durante un largo y crucial periodo de seis años (1978-1984), ocupó la jefatura del Servicio de Información de la Guardia Civil (Segunda Sección de su Estado Mayor). A partir de 1981 simultaneó dicho cargo con la subdirección del Mando Unificado para la Lucha Contraterrorista (MULC) que dirigía el comisario Manuel Ballesteros. Fue entonces cuando el nuevo presidente del Gobierno, Felipe González, considerando su reconocida capacidad y experiencia en materia de información y lucha contra el terrorismo, le encomendó perfeccionar la organización y los contenidos del “Plan ZEN” (Zona Especial Norte), cuyo cometido fundamental era acabar con ETA.

En el marco de esa reorganización fue cuando tomó cuerpo la organización clandestina denominada GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación), que impondría el “terrorismo de Estado” en la lucha contra ETA.  A la pregunta sobre si la CIA había controlado los GAL (“Periodista Digital” 09/10/2006), Alfredo Grimaldos contestó: “No directamente. Pero el cerebro de los GAL fue un hombre de la CIA en España, el general Andrés Cassinello. Pero se quitó de en medio cuando implicaron a Rodríguez Galindo por temor a salir mal parado”.


  El general Andrés Casinello Pérez,
vinculado a la CIA y figura clave
 de los servicios secretos españoles

Es imposible, llegado a este punto, no reparar en que El País no dudó en hacerse eco inmediato de la conspiración Gladio, mientras que durante años, y contra toda evidencia, se prestó a encubrir la existencia de los GAL, llamando “sindicato del crimen” a todos los periodistas, empezando Pedro J. Ramírez, que destaparon e investigaron aquel tenebroso asunto hasta sacarlo a la luz y que tanto influyó en acabar políticamente con Felipe González, literalmente abrasado por los escándalos. Una historia tan estridente como la de Jesús Polanco, propietario del grupo Prisa, que después de haberse beneficiado de la reforme educativa del ministro Villar Palasí, concretada en la Ley General de Educación de 1970, y gracias a una filtración del propio Ministerio, la editorial de su propiedad (Santillana) fue la única que tuvo listos con arreglo a la nueva ley los libros de texto del curso escolar, lo que supuso su despegue económico en pleno franquismo.


Jesús Polanco, quien fue apodado "Jesús del Gran Poder"


Juan Luis Cebrián y Felipe González

Un caso tan pasmoso como el de su mano derecha en el grupo Prisa y en la dirección de El País, Juan Luis Cebrián, quien después de haber sido redactor jefe de “Pueblo”, el diario ariete del Movimiento Nacional y nombrado jefe de los servicios de RTVE por el último gobierno de Franco, se ha venido dedicando a repartir pedigrí democrático con la misma naturalidad con la que el Papa de Roma reparte bendiciones, así como a arremeter furibundamente contra los que se dedicaron a investigar la verdadera naturaleza de los atentados de la matanza del 11-M, tildándoles de "conspiranoicos", después de haber contribuido a crear, por activa y por pasiva, junto a la famosa comparecencia televisiva de Rubalcaba en plena jornada de reflexión, las sospechas de que el gobierno de José María Aznar mentía y que propiciaron, por muy pocos votos de diferencia, el vuelco electoral en las elecciones legislativas del día siguiente, domingo 14 de marzo de 2004, que dieron el poder a esa calamidad pública que para España ha sido José Luis Rodríguez Zapatero. 

Parece increíble que El País mantenga su antiguo aire de izquierdismo cuando desde 2010 está en manos de tiburones de Nueva York, como es el fondo de inversión Liberty Acquisition Holding, y posteriormente haya entrado en Prisa el empresario más rico del mundo, el mexicano Carlos Slim, gran amigo de Felipe González. Si a esto añadimos que Cebrián es miembro destacado del club Bilderberg, foro de ideas y estrategias sociales, políticas y económicas de la OTAN, el asunto adquiere su verdadera dimensión y entreabre una mirilla al rellano desde el que cabe asomarse al orden mundial implicado en cuya amplísima estela debe inscribirse el 11-M y, sobre todo, sus secuelas posteriores, que al día de hoy todavía no han terminado de manifestarse, a pesar de lo que llevamos visto desde entonces.   



Si después de todo lo visto, alguien de buena fe se atreviera a dudar siquiera, no ya de la existencia de conspiraciones dentro de los aparatos secretos de la inteligencia del Estado, sino de que la guerra sucia llevada a cabo en las cloacas del sistema ha sido una constante que ha marcado los hitos más decisivos de la reciente Historia de España, es que no pertenece a este mundo, por angelical, o que sus entendederas dejan mucho que desear. Y es que, como dejó dicho Benjamín Disraeli con palabras terminantes: “Aquel que niega la naturaleza conspiratoria de los gobiernos es un zopenco”.

A estas alturas, no es ningún secreto que tanto la Agencia Central de Inteligencia (CIA), creada en 1947, como la Agencia Nacional de Seguridad, The National Security Agency/Central Security Service (NSA/CSS), establecida en 1972 y de existencia tantos años negada, nacieron para recopilar sin restricciones y procesar la información que esté al alcance de sus posibilidades, que hoy en día es absolutamente todo, gracias a los avances de la tecnología digital y a los presupuestos astronómicos que el Gobierno de Washington dedica a estos menesteres: según informaciones aparecidas en The Washington Post, en EEUU hay 1.271 organizaciones gubernamentales -y 1.931 compañías privadas- dedicadas a programas relacionados con el “contra-terrorismo“, la seguridad nacional y los servicios de inteligencia, estimando que el sector emplea a 854.000 personas, casi 1.5 veces la población de la ciudad de Washington.


Centro de control de espionaje digital
Estas cifras dan idea de la magnitud de las actividades estadounidenses de espionaje, pero si volvemos al momento en que se produjo el 11-M, es decir, la España de 2004, será preciso añadir un dato de sumo interés vinculado a la colaboración de la inteligencia estadounidense con la española (el CESID primero y el CNI a partir de 2002) para vigilar a los integrantes de la banda terrorista ETA: desde el 10 de octubre de 2001, a la una de la madrugada, hora local española, el mecanismo interno de uno de los 95 radares operativos de Menwith Hill, oculto tras una enorme esfera con forma de gigantesca pelota de golf comenzó a emitir un tenue zumbido electrónico. Era el sonido inaugural de la colaboración en la lucha contra ETA que el gobierno estadounidense acababa de ofrecer a España. Menwith Hill es el centro de escucha y análisis de comunicaciones que la inteligencia estadounidense posee en la elevada planicie de Northumbria, en Inglaterra. El zumbido indicaba que el satélite que apenas 24 horas antes había puesto en órbita la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU (NSA) con objeto de seguir todos los movimientos registrados en el norte de España y el sur de Francia transmitía correctamente. EEUU había comenzado a espiar a ETA.
 
 


A partir del día 3 de marzo de 1996 en que el Partido Popular ganó las elecciones y Aznar accedió a la Moncloa, el Gobierno de España se acercó al foco de poder mundial representado por EE.UU. como nunca antes había sucedido. Gracias a esta vinculación tan estrecha se consiguió que el gobierno estadounidense empezara a cooperar abiertamente en el cerco y acoso de las estructuras de ETA en Francia a través de sus servicios secretos y su imponente tecnología, fundamentalmente a las operaciones de detección y seguimiento de las comunicaciones globales que posibilitaba el sistema Echelon de espionaje global, considerado la mayor red de espionaje para interceptar comunicaciones electrónicas de la historia. Controlada por la comunidad UKUSA (Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña, Australia, y Nueva Zelanda), era sabido ya en 2001 que Estados Unidos, junto a sus países aliados, podían interceptar todas las comunicaciones por satélite, buena parte de las que se realizan por cables submarinos y el tráfico en Internet. Así pues, cualquier fax o llamada telefónica internacional, videoconferencia o correo electrónico que pase por un nudo de comunicaciones "pinchado" por una de estas estaciones de seguimiento y análisis es susceptible de ser interceptado.

Tampoco es necesario hacer un gran alarde imaginativo para aceptar que el Gobierno presidido por Aznar obtuvo de EE.UU. un trato privilegiado, que incluía la recepción de información privilegiada sobre ETA detectadas por la red Echelon, equiparando a España con la red anglosajona vinculada a este sistema de espionaje global controlada por los norteamericanos. Aunque oficialmente Echelon no existía, el 5 de septiembre de 2001 el Parlamento Europeo dio a conocer un informe quejándose a los Estados Unidos ante la sospecha de que estaban espiando a ciudadanos y a empresas europeas. El diario británico The Guardian, que citaba fuentes españolas, afirmó que George W. Bush ofreció todo su apoyo a José María Aznar en la batalla contra el terrorismo, incluyendo en esa colaboración la red ECHELON. 

En un reportaje de Giles Tremlett para ese diario británico, precisó que los EE.UU. había ofrecido a España su apoyo total en la lucha antiterrorista. El periódico destacaba cómo George W. Bush, en la rueda de prensa celebrada en Madrid, afirmó que, “hasta el punto que podamos ayudar al Gobierno de España para luchar contra el terrorismo en el interior de sus fronteras, lo haremos”. El rotativo considera muy destacable que Bush lo dijera espontáneamente, sin que lo estuviera leyendo de un discurso previamente elaborado para matizar diplomáticamente sus aseveraciones. 

En sus análisis de la visita del presidente Bush a España realizada a mediados de junio del año 2001, comentaristas de todos los periódicos nacionales coincidieron en otorgar las causas y consecuencias que para España supuso la estancia del presidente de la gran superpotencia mundial. La primera cuestión que se plantearon fue por qué se eligió a España como puerta de entrada a Europa, cuando lo común es que los presidentes norteamericanos empezaran sus giras europeas por Gran Bretaña, su aliado más fiel y privilegiado, o por potencias europeas como Francia o Alemania.

“CIBERESPIONAJE: ¿Echelon contra ETA?”. Este fue el título de un interesante artículo firmado por Olalla Cernuda que publicó El Mundo el viernes 15 de junio de 2001, en el que se preguntaba: 

"¿Es cierto que los servicios de inteligencia están pendientes de todo lo que decimos y escribimos para buscar posibles mensajes terroristas o de espías? La red de espionaje Echelon es uno de los mitos -o realidades- más conocidas de la Red. Negada por todos los participantes, investigada por la Comisión Europea y denunciada por los internautas. Pero... ¿qué ocurriría si ahora EEUU “'ofreciese”' su sistema de ciberespionaje a las naciones amigas para hacerlo “'oficioso”'?

"Esto parece ser lo que ha ocurrido durante el viaje oficial del presidente estadounidense, George Bush, a España esta semana. En la rueda de prensa ofrecida por el ministro de Asuntos Exteriores, Josep Piqué, éste aseguró que Estados Unidos iba a espiar las comunicaciones de ETA para España. La conclusión sacada por el diario The Guardian y cientos de personas en los foros de Internet ha sido apabullante: verde y con asas. Eso sólo lo puede hacer ECHELON".


Feliciano Fidalgo, Josep Piqué y José María Aznar en la presentación del libro de memorias
del ex-presidente "El compromiso del poder".

En su reportaje para The Guardian, Giles Tremlett seguía diciendo: "Puede hacerse mucho desde el punto de vista de la tecnología, la información y las comunicaciones", aseguró Piqué, quien añadió que “se abre un prometedor campo de acción que nos llevará a acabar definitivamente con el terrorismo”. Según el diario británico, esta colaboración podía explicar por qué Aznar dio una bienvenida tan calurosa al presidente estadounidense. 

El Gobierno español no comentó nada sobre la posible utilización de Echelon, solamente informó que se estaban analizando nuevas formas de cooperación con los servicios de inteligencia estadounidenses. De hecho, en la comparecencia, el ministro Piqué evitó en todo momento utilizar la palabra Echelon, aunque tal y como publicó El Mundo, fuentes del gobierno aseguraron que "la información recopilada por la CIA y por sus satélites, unido a la capacidad de EEUU de interceptar las comunicaciones y leer el correo electrónico, podría ayudar a mantener el grupo terrorista bajo control".
 
El satélite Echelon está interconectado con otros que mantienen una silenciosa vigilancia. En su conjunto graban imágenes de una definición asombrosa y las transmiten en tiempo real a las cúpulas de radar de Menwith Hill. Las orejas electrónicas de estos satélites, además, les permiten captar conversaciones. En toda la historia de la larga lucha de España contra ETA los servicios de inteligencia de Madrid nunca habían contado con un arma tan poderosa. Menwith Hill, cuyo nombre oficial es el de Estación Espía F-83, se extiende a lo largo de un kilómetro cuadrado sobre el que ni Gran Bretaña ni la Unión Europea tienen jurisdicción alguna. Alberga a más de dos mil norteamericanos, entre los que se incluyen expertos en descodificación, expertos matemáticos y lingüistas cuyo talento combinado les permite analizar y descifrar mensajes en más de cien idiomas, incluido el euskera.


La estación espía de Menwith Hill vista desde el aire

El método aplicado para acabar con el grupo terrorista vasco fue el mismo que emplean contra todos los demás objetivos. Desde la gélida oscuridad del espacio los satélites observan y escuchan. Cada uno de ellos está equipado con múltiples cámaras y equipos de grabación de sonido: “En términos prácticos, son capaces de mirar a través de la ventana de una pequeña calle de Bilbao o pueden escuchar una conversación en el interior de un coche que viaja por carretera hacia Santander", afirmó William Burroughs, director del programa de Ciencia y Medio Ambiente de la Universidad de Nueva York y cualificado especialista en vigilancia espacial.
 
Toda la información recogida era enviada a los veinticinco departamentos de escucha y recepción cavados bajo la superficie de Menwith Hill. Allí es donde los dos mil trabajadores de la base depuran los mensajes captados y los transmiten a la ingente base de datos de la NSA, compuesta por millones y millones de fragmentos de información, consistente en palabras que han sido captadas en el éter o en imágenes obtenidas desde el espacio. En este sistema se almacenaron las fotografías, alias y todos los detalles biográficos de los terroristas de ETA condenados, de los sospechosos de pertenecer a la organización, de sus familias, de sus parientes lejanos y hasta de sus amigos y conocidos.


Gigantescos sistemas de detección por satélite en Menwith Hill
Radar en Menwith Hill
 
Pero esta red de satélites y radares no habría servido de mucho sin el sistema Echelon, el equipo más sofisticado del que disponía Menwith Hill en el año 2004. Este sistema es el que dirigía los veinte satélites Intelsat que se controlaban desde Menwith Hill. Bastaba introducir los datos de un sospechoso de terrorismo en la denominada “Lista de Alta Observación” para que los ordenadores de Echelon se encargaran de todo.
 
A grandes rasgos el sistema Echelon opera del modo siguiente: supongamos que un terrorista identificado en la base de datos de la NSA como perteneciente a ETA abandonara su casa, digamos que en Bayona. No importa el medio que escogiera para desplazarse, en algún momento dejará alguna pista electrónica y sus movimientos pasarán a estar controlados. En caso de que se proponga realizar un viaje aéreo, su billete de avión ya habrá sido detectado, al igual que si utiliza una tarjeta de crédito para realizar cualquier transacción, el dato acabará reflejado inmediatamente en los ordenadores de Menwith Hill. Esta detallada vigilancia forma parte de la labor de Echelon. Incluso los detalles más minuciosos de un terrorista fichado se encuentran archivados: sus tarjetas de crédito, sus datos bancarios, su factura de teléfono...


Echelon es, además, extremadamente rápido. Una fuente de la NSA explica que “desde el momento en que se introduce una identificación en los ordenadores, sólo se tardan unos segundos en establecer un rastreo para que los sistemas nos digan dónde se encuentra la persona o personas que estamos siguiendo. Esa información puede estar en Madrid en cuestión de minutos y transmitirse a la policía en el País Vasco o cualquier otro lugar en que se encuentren los terroristas en tan sólo algunos minutos más”.

Pero los recursos brindados por Washington no se limitaron a los dos mil hombres y mujeres y a los 95 radares de Menwith Hill. Las instalaciones de Inglaterra son sólo una parte de la red tejida por la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU, cuya base de operaciones está en Fort Mead, en el estado de Maryland, a las afueras de la capital estadounidense. Este organismo, con una plantilla de 44.000 empleados, utiliza los equipos de espionaje más avanzados del mundo y maneja al año un presupuesto de 16.000 millones de dólares. Impresiona saber que todo ese equipo fue utilizado a partir de octubre de 2001 en la detección y destrucción de los comandos de ETA.


Instalaciones de la Agencia nacional de Seguridad de EE.UU
en Fort Mead, Estado de Maryland

La inclusión de los detalles que acabo de mencionar, que algunos lectores de este bloc ya conocerán, tienen por objeto que cualquiera pueda calibrar por sí mismo la importancia que he concedido a las revelaciones del ex-presidente Aznar, ya que si por los servicios de inteligencia españoles y estadounidenses no fue detectado, ni antes ni después del 11-M, dato alguno que sirviera para relacionar la preparación y ejecución del atentado con ningún comando islamista o de la organización terrorista ETA es que, sencillamente, los autores hay que buscarlos dentro del entorno mismo de los servicios de inteligencia, lo que supone adentrarse en el peligroso mundo de las cloacas del Estado.

La única forma que tiene cualquier automovilista para no ser detectado por los radares de la Dirección General de Tráfico es conocer con exactitud la ubicación de semejantes aparatos, con lo que estará en condiciones de evitarlos mediante el uso de rutas alternativas de carácter secundario poco transitadas. Concedo que el ejemplo no es del todo exacto, pero sirve para ilustrar, por analogía, que la única posibilidad de que, en suelo español, las acciones de un grupo terrorista ya identificado no sean “oficialmente” detectadas y registradas por las redes de inteligencia, como José María Aznar ha afirmado que en ningún momento, ni antes ni después de la masacre del 11-M, se hubiera detectado absolutamente nada dentro o fuera de España que pudiese indicar la preparación de los atentados, indica claramente que sus autores y ejecutores han de estar incrustados dentro de dichas redes o que se mueven en un entorno muy próximo a ellas. Me refiero, ni más ni menos, al mundo de la llamadas “cloacas del Estado”, a cuya utilización se refirió Felipe González con una frase lapidaria que conviene recordar: “El Estado de derecho también se defiende en las alcantarillas”.


Felipe González
Por todo ello, estoy absolutamente de acuerdo con Luis del Pino, gran investigador y autor de varios libros sobre los atentados de Madrid, sobre los que volveré más adelante, cuando el 4 de junio de 2007 escribió que "el 11-M fue una elaborada operación de inteligencia, precedida de una serie de acciones tendentes a asegurar la campaña de desinformación que debía servir para aprovechar el atentado y seguida por una auténtica obra maestra de intoxicación, con colocación de pruebas falsas incluida, que habría de valer para ocultar la verdadera autoría de los atentados".

El propio Luis del Pino no se cortó ni un pelo para proclamarlo a los cuatro vientos en un debate emitido en febrero de 2010 por veo7 televisión, como puede comprobarse abriendo el siguiente enlace:

http://www.youtube.com/watch?v=OIDXHxcb6-Q  

En aquella ocasión fue más allá, para puntualizar que el 11-M fue "un golpe de Estado interno o un golpe de Estado de inspiración exterior". Aunque, en ambos casos, no quepa la menor duda de que las pruebas falsas para montar la versión oficial fueron llevadas a cabo por miembros de las Fuerzas y Cuerpos de la Seguridad del Estado. A pesar de que decir tal cosa no constituye a estas alturas ninguna novedad, más adelante volveré sobre el particular, pues creo que en base al análisis de lo que yo denomino "complementariedad circular" cabe realizar avances muy importantes en la detección del epicentro de ese terremoto, cuyo foco fue el 11-M, así como los efectos del posterior tsunami, cuyas consecuencias destructivas no han dejado de manifestarse hasta el día de hoy en la vida política española. 

Recordemos que el foco de un terremoto es el punto donde la primera piedra de la corteza terrestre se rompe para causarlo y se encuentra siempre bajo tierra, mientras que el epicentro es el punto de la superficie más cercano al foco y que, por eso mismo, experimenta la mayor agitación, aunque muchas veces los peores efectos se producen más alejados, a causa de las características de los lugares adonde poco más tarde alcanzan las ondas expansivas.




Por su claridad ilustrativa, ¡me encantan las paradojas!, quiero referir una historia que tuvo lugar en Francia y que podríamos titular “la paradoja Eiffel”. Se trata de que cuando hubo acabado la Exposición Universal de París del año 1889, se generó en Francia una agria polémica entre los artistas que abogaban por el desguace de la Torre Eiffel, por considerar que era un horroroso monstruo de hierro clavado en el Campo de Marte, y aquellos otros que defendían su mantenimiento como símbolo del progreso técnico de la época. Uno de los más conspicuos detractores de la Torre Eiffel era un famoso crítico de arte, que cada día abogaba desde la prensa por eliminar aquel artefacto del horizonte parisino. La sorpresa no fue fingida cuando un acérrimo defensor del mantenimiento del emblema de la Exposición encontró al mencionado crítico de arte almorzando en el restaurante situado a ciento quince metros por encima del nivel del suelo, en el segundo nivel de la estructura metálica. Sin poderse contener, se encaró con el crítico:
 
̶ ¿Pero cómo es posible que le vea almorzando aquí con la manía que le tiene usted a la torre? ̶ le preguntó sorprendido.
 
̶ Pues la respuesta es bien sencilla. ¡Este lugar es el único existente en todo París desde donde no se ve este dichoso adefesio..!
 
Qué, ¿lo han cogido? ¿Sí? Pues, me alegro.

Antes de finalizar esta segunda entrada no me resisto a mencionarles otra paradoja más: hasta es posible que un punto clave vinculado al seísmo cuya onda expansiva provocó el 11-M no esté muy alejado de la alargada sombra que proyecta la Torre Eiffel sobre París... 



Francisco Martinez

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